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Trastornos de la conducta alimentaria
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By Rebeca Hernández
Published on 04/1/2011
 

Un trastorno de la conducta alimentaria se caracteriza por “extremos”.


Trastornos de la conducta alimentaria

Trastornos de la conducta alimentaria

Rebeca Hernández, Nutricionista
Clínica de Nutrición von Saalfeld
rhernandez@saborysalud.com


Un trastorno de la conducta alimentaria se caracteriza por “extremos”.  Se experimentan alteraciones severas de la conducta alimentaría que pueden ir desde la restricción excesiva al abuso desmedido de la comida, así como preocupaciones intensas respecto al peso y la imagen corporal.

En el Manual de Diagnóstico y Estadística de Psiquiatría, DSM IV, se identifican 3 trastornos de la conducta alimentaria anorexia nervosa, bulimia nervosa y otra tercera categoría denominada “trastornos de la conducta alimentaria no especificados”, donde se agrupan aquellas presentaciones que no cumplen los criterio diagnóstico para los primeros dos.

Si bien, la prevalencia de estos problemas es mayor en adolescentes y adultos jóvenes, cada vez es más común que estas conductas de alimentación desordenada se presenten en niños.

Durante la infancia y niñez temprana, no es extraño que los niños exhiban “problemas” con la comida. Se ha estimado que hasta un 25% de niños con un desarrollo normal puede presentar ciertas dificultadas con su alimentación.

Los niños pueden rechazar la comida por muchas razones, por aversión a la forma o sabor, por falta de apetito, o por distracciones de otras actividades: prefieren jugar que comer. Sin embargo, estas actitudes rara vez prevalecen,  y llegan a ser mayor problema.

Lo importante es lograr hacer la diferencia entre lo que puede ser una selectividad pasajera, a algo que puede desencadenar en un trastorno de alimentación clínico o subclínico.

La principal diferencia consiste en que el niño llegue a exhibir una sobre preocupación con su peso o figura, y que la restricción de la comida se de con el fin específico de perder peso.

Las preocupaciones por el peso y figura cada vez se observan a edades más tempranas. En varios estudios se ha encontrado como más de un 40%  de niñas de escuela primaria  expresa que desearía ser más delgada, incluso las clasificadas con peso normal.

Si bien los desórdenes de alimentación tienen su origen genético, está claro que los factores ambientales y socioculturales son los que juegan un rol clave en su desarrollo y en los que afortunadamente  los padres pueden actuar a tiempo para prevenirlos.

Como padre de familia tiene un gran poder en la prevención temprana de estos trastornos. Entre los principales factores de riesgo ambientales en que como padre puede influenciar:

EVITAR HABLAR SOBRE “DIETAS”, O USO DEL EJERCICIO COMO MEDIO PARA CONTROLAR EL PESO.

Iniciar “dietas” o restricciones a edades tempranas es uno de los mayores factores de riesgo para llegar a desarrollar un desorden de alimentación clínico.

La principal razón por la que los niños empiezan con estas actitudes es porque las observan en sus  padres, o porque ellos mismos de alguna forma los han estimulado a tomar estas medidas.

En un estudio reciente de 365 jóvenes adolescentes, se encontró que  a las que  sus madres las habían estimulado a realizar “dietas”, presentaban el doble de probabilidad de tener problemas de atracón y hasta 5 veces mayor probabilidad de tomar medidas extremas en el  control de peso como tomar pastillas, laxantes o provocarse el vómito.

Asimismo, cuando las madres constantemente hablaban de “estar a dieta”, las hijas exhibían los mismos comportamientos negativos.

EVITAR COMENTARIOS DESPECTIVOS RESPECTO AL PESO

Señalar a niños como “el gordito” o utilizar apodos alusivos al peso, aunque no sean mal intencionados pueden causar mucho daño. Señalar a niños de esta forma se asocia a una mayor disatisfacción con su cuerpo, así como también medidas extremas para controlar el peso y desórdenes de alimentación.

FOMENTAR UNA IMAGEN CORPORAL POSITIVA

Lo mejor que pueden hacer los padres es dar el ejemplo, empezar por aceptar sus cuerpos y  expresar el sentirse bien consigo mismos, no ponerse frente al espejo y decir “estoy gordo (a)”.

También pueden ayudar a sus hijos a no llegar a caer en la sobre valoración del ideal de extrema delgadez que se promociona tanto. Es importante enseñarles a ver los mensajes en revistas y t.v. con ojo crítico, como las imágenes pueden ser fácilmente alteradas para darnos una visión diferente. Asimismo, fomente otras actividades que no involucren tanto los medios de comunicación como deportes, lecturas, etc., los niños son siempre más vulnerables a estos mensajes.

FOMENTAR UNA AUTO ESTIMA FUERTE

Una autoestima baja, basada en una sobrevaloración de la imagen corporal y factores externos es uno de los principales factores de riesgo.

Dígales a sus hijos lo hermoso que son, pero siempre enfóquese también en atributos que no estén asociados a su apariencia. Déles ejemplos de personas que puedan tener como modelos por sus logros y no por su físico.

FOMENTAR LAS COMIDAS EN FAMILIA

Comer en familia es uno de los principales factores protectores, no solo contra trastornos de la conducta alimentaria, sino también contra otros problemas emocionales en la niñez y adolescencia.

Compartir les da la sensación de seguridad y de ser aceptados.

Además, la mejor forma de que aprendan sobre alimentación saludable es a través del ejemplo, y no por reglas.

También se ha demostrado que los niños aprenden a estar más atentos de sus señales fisiológicas de hambre y saciedad cuando comparten sus comidas. De esta forma es menos probable que abusen de la comida, o lo usen como medio para satisfacer necesidades emocionales.

¿Qué hacer si se sospecha de un trastorno de alimentación?
           
El reconocimiento de los síntomas y la intervención temprano son la clave para llegar a un problema clínico con serias consecuencias físicas y emocionales.

Por lo tanto, es importante estar atento a señales tempranas y factores de riesgo que pueden tener los niños para darles solución a tiempo. No se debe esperar a que se cumplan todos los criterios que los pueden diagnosticar con un trastorno específico, cualquier conducta de alimentación desordenada merece atención para no llegar a situaciones más severas.

Niños con factores de riesgo incluyen:
Aquellos con historia familiar de desórdenes de alimentación u obesidad.
Participación en disciplinas que hacen énfasis en la delgadez como ballet o gimnasia.
Personalidad perfecccionista.
Hijos de padres que exhiben también preocupación por su peso y figura.
Niños con historia de abuso físico o sexual.
Bajo autoestima.
Disatisfacción con su imagen corporal.
Inicio de “dietas” o restricciones de su alimentación.

Hacer algunas preguntas sin juzgar, pueden ayudar a identificar si se necesita una valoración más profunda:
¿Cuánto te gustaría pesar?
¿Cómo te sientes con tu peso actual?
¿Sientes preocupación por la forma en que comes o realizas ejercicio?
¿Alguien cercano ha expresado preocupación por la forma de comer?

También es importante estar atento si ha habido perdida de peso marcada o detención del crecimiento. Sin embargo, no necesariamente hay perdida de peso asociada. 

Si como padre de familia ha identificado un problema que merece atención, se debe buscar ayuda de inmediato. Lo ideal es por parte de un equipo interdisciplinario, que incluya psicólogo, médico y nutricionista, especialistas en esta área. El tratamiento del problema en familia, es lo que en niños da mejores resultados, así que lo que se recomienda es que ambos padres tomen un papel activo en el tratamiento.

En el caso de que la salud del niño ya esté comprometida por una perdida severa de peso, signos de deshidratación y malnutrición se deben tomar acciones más agresivas, para reestablecer rápidamente su estado nutricional.

San José, Costa Rica

Abril 2011