Durante la infancia, los niños pueden demostrar rechazo a la comida por muchas razones, aversiones a la apariencia, sabor o forma; poco apetito; o simplemente por distracción ya que su atención se centra en actividades más atractivas como el juego.
Rebeca Hernández A., Nutricionista
Clínica de Nutrición von Saalfeld
rhernandez@saborysalud.com
Durante la infancia, los niños pueden demostrar rechazo a la comida por muchas razones, aversiones a la apariencia, sabor o forma; poco apetito; o simplemente por distracción ya que su atención se centra en actividades más atractivas como el juego.
Si bien, estos rechazos generalmente no llegan a ser problemáticos, algunas actitudes se han observado pueden llegar a desencadenar en trastornos de la conducta alimentaria clínicos en la pubertad o adolescencia, razón por la cual es importante que los padres estén atentos y lo manejen de forma apropiada.
Durante la infancia se han reconocido 4 patologías importantes:
1- Aversión a la comida emocional
Se caracteriza por un rechazo marcado a los alimentos, asociado a factores emocionales, en especial depresión y ansiedad. Aunque se puede confundir con anorexia nervosa, en los niños el rechazo no es un medio de control de peso, ni tampoco hay en ellos una distorsión de su imagen corporal. Ellos pueden reconocer que necesitan subir peso, pero no sienten apetito.
¿Qué hacer?
Lo primero es identificarlo. Las señales de alerta a observar son:
Si este es el caso de su hijo, es importante una pronta evaluación psicológica, nutricional y médica, en especial para evitar que siga perdiendo peso.
Es importante que los padres se mantengan atentos siempre ante los comportamientos de los niños que han manifestado este desorden en su niñez, por el hecho de que en la adolescencia desencadene en un desorden de alimentación clínico. Se recomiendan visitas al pediatra más frecuentes (2 veces al año), además de tomar acción rápida si observan cambios abruptos en su peso y/o cambios de comportamiento en torno a alimentos.
2- Disfagia funcional
Ocurre cuando el niño rechaza los alimentos porque siente que no puede tragar, expresa sensación de ahogo, pero no hay una causa orgánica que lo explique.
No se da por una preocupación con el peso. Se asocia a una experiencia traumática, ya sea que les haya ocurrido a ellos o que lo hayan presenciado relacionado al ahogo.
¿Qué hacer?
Una vez que el niño haya sido valorado por el médico, se debe buscar de inmediato apoyo psicológico que involucre también a la familia sobre el mejor manejo de la situación.
Este desorden se asocia con un alto riesgo de llegar a sufrir bulimia o anorexia nervosa en la adolescencia, por lo que es clave un adecuado manejo desde el inicio.
De igual forma, se debe mantener una vigilancia elevada en estos niños al ir creciendo, teniendo más visitas con el pediatra y estar atentos en buscar pronto ayuda en caso de que empiecen a manifestar cambios abruptos en su peso y/o comportamientos desordenados en torno a sus comidas.
3- Síndrome de rechazo persistente
Esta es una condición más seria, los niños se rehúsan no solo a comer sino también pueden rehusarse a hablar, caminar, etc. Se asocia a desorden post traumático. Son niños que tienen mucha determinación en su rechazo, se muestran enojados y asustados, y presentan una alta resistencia al tratamiento.
¿Qué hacer?
Igual que en los casos anteriores, después de la valoración médica, no se debe tardar en buscar apoyo psicológico, que involucre a toda la familia. También va a ser clave mantenerse alerta durante el desarrollo del niño, con visitas a su pediatra más frecuentes, idealmente de unas 2 veces al año, en lugar de solo 1.
3- Selectividad
Su alimentación se caracteriza por ser muy limitada, aceptan solo unos 12 alimentos o menos, principalmente carbohidratos.
Su selectividad no es asociada a problemas de imagen corporal, o peso. Aunque su alimentación es poco variada, su crecimiento y desarrollo no suele llegar a afectarse, mantienen peso y estatura normal, ya que de una forma u otro logran llenar todos sus requerimientos de energía.
¿Qué hacer?
Este es el tipo de rechazo más común, y el que más dolor de cabeza puede dar a los padres. Lo “quisquilloso” usualmente se resuelve con el paso del tiempo sin problemas, en especial cuando los niños empiezan a socializar más con sus compañeros en la adolescencia. La presión social por participar con el grupo los lleva a que por si solos empiecen a cambiar sus actitudes hacia los alimentos.
Sin embargo, el haber mostrado selectividad en la niñez, es una característica que también se ha encontrado asociada a mayor riesgo de anorexia o bulimia en la adolescencia, por lo que los padres deben tener mucho cuidado en como manejar la situación.
¿Qué hacer entonces?
La nutricionista Ellyn Satter (www.ellynsatter.com), pionera en los conceptos de relación con alimentos en los niños, ha propuesto un modelo bastante útil para todo padre de familia.
Esta propuesta se basa en que para mantener y fomentar una relación saludable con los alimentos, es importante que los padres tengan claro sus responsabilidades en cuanto a la alimentación de sus hijos, pero que a la vez acepten que los niños también tienen su parte de la responsabilidad y la respeten.
La responsabilidad como padres
Los padres son responsables de dar estructura, apoyo y oportunidades para comer de forma saludable. Como padre usted decide
Además es importante que hagan de comida un momento agradable para el niño, y no una lucha.
La otra parte es aceptar cuáles serían las responsabilidades de sus hijos, en lo que deben confiar y respetar. Los niños serán entonces responsables de elegir si comen o no de lo que se ofrece, y cuánto de esto es apropiado para ellos.
Confiar en la cantidad que tomen los niños puede ser un reto para muchos padres, por lo que es importante tener presente que ellos son totalmente capaces de comer la cantidad precisa que requieren para cubrir sus necesidades. Todo niño nace con la capacidad de autorregular su ingesta de alimentos para mantener un peso y crecimiento apropiado para su estatura, forzarlos a comer de más cuando expresan rechazo solo va a afectar su relación con los alimentos, haciendo que en el futuro sean más propensos a trastornos de la conducta alimentaria o problemas de sobrepeso y obesidad. Además, es básico tener en mente que su capacidad gástrica es mucho menor que la de un adulto, así que para ellos porciones que puede usted percibir pequeñas son totalmente apropiadas.
Es importante tener presente también que el rechazo hacia alimentos nuevos es parte normal del desarrollo, y que la mayoría de los niños requieren hasta 15 a 20 exposiciones para aceptar algo nuevo. Así que mucho es trabajo de paciencia por parte de los padres. Estrategias clave que puede aplicar para ayudarles son:
Deje que su hijo elija lo que toma, pero trate de dar estas oportunidades de forma frecuente, y de el ejemplo al comerlo y elegirlo usted también.
¿Cuando la selectividad puede implicar algo más? Si el peso y crecimiento sí se ha visto afectado, y además el niño manifiesta problemas emocionales como depresión, ansiedades u otras fobias, es importante buscar también que le valore un médico y psicólogo, ya que es probable que el problema vaya más allá de la selectividad.