Control del peso: un asunto del niño y su familia

MSc. Dyalá Castro, Psicóloga Clínica
Centro de Desarrollo Infantil (2221-8385)

dyalacastro@gmail.com

Cuando pensamos en los factores que inciden en torno al sobrepeso infantil espontáneamente vienen a nuestra mente imágenes de alimentos así como de ejercicio físico. Sin embargo, se ha comprobado que los aspectos emocionales se convierten en elementos centrales para lograr que las personas menores de edad tengan éxito con los planes de pérdida de peso. Asimismo, se ha resaltado el impacto que tiene el apoyo familiar en el logro de este objetivo.

Las personas con sobrepeso tienen una serie de dificultades individuales y sociales que pueden generar un grave impacto en el desarrollo de su personalidad así como en la misma motivación para seguir o no un plan nutricional. Dentro de las principales secuelas observadas se encuentran:

  1. Pobre autoestima debido a la insatisfacción con su imagen, la dificultad para la realización de actividades físicas, el rechazo por parte de los pares, la dificultad para conseguir ropa, etc.
  2. Aislamiento de otros niños (as)
  3. Inseguridad
  4. Angustia y ansiedad
  5. Síntomas depresivos (irritabilidad, desmotivación, tristeza por ejemplo)

Debido a esto, además de las posibles complicaciones médicas que pueden surgir a partir de un sobrepeso, es necesario tener consciencia sobre la importancia de apoyar a los niños en planes nutricionales y de cambio de estilos de vida que permitan una pérdida sostenida de dicho peso.

Es necesario que no se delegue en el niño tal tarea (diciéndole por ejemplo: “cuídese en lo que come”, “usted sabrá si lo hace ó no”, “haga ejercicio”, etc.) sino que debe existir intervención de padres y madres para lograr aspectos como: respeto del plan, cambios en hábitos individuales y familiares, reforzamiento positivo de las metas que se van logrando así como adquisición de un estilo saludable colectivo se vayan fortaleciendo cada día más.

Actualmente debido a las múltiples ocupaciones de ambos padres, los niños no solo no son supervisados adecuadamente en su alimentación sino que se han sustituido actividades al aire libre y de ejercicio físico por otras como usar videojuegos, conectarse por largos periodos a la red de Internet así como el ver televisión. Definitivamente, estos aspectos que fomentan el sedentarismo se constituyen en una de las causas de las dificultades para la pérdida de peso.

Por lo tanto, si usted vive una situación similar, tenemos las siguientes recomendaciones en aras de mejorar la calidad de vida de sus hijos (as):

  1. Supervise y trate de preparar alimentos y meriendas, aspecto que permitirá escoger los alimentos que más requieran consumir sus hijos e hijas.
  2. Regule la cantidad de dinero que le brinda a ellos para llevar a los centros educativos debido a la posibilidad de gastar en alimentos no saludables que típicamente venden en las sodas de escuelas y colegios.
  3. Trate de propiciar más tiempos para compartir los alimentos en familia, de esta manera no solo puede regular el respeto por el plan nutricional, sino favorecer la calidad de los vínculos con su familia.
  4. Mentalícese a tener mucha paciencia, además de procurar mejorar el valor de la perseverancia en los niños y niñas. Debido a su edad, las personas menores de edad no tienen claridad  en el concepto de invertir para el futuro, su pensamiento se centra mucho en el hoy.
  5. Debido a lo anterior, es necesario el establecimiento de un contrato con su hijo (a) con metas concretas semanales que sean realizables, progresivas para la consecución del plan y que brinden a sus hijos la sensación de logro. Si le propone aspectos poco alcanzables, probablemente se incremente un sentido de fracaso y deje el plan de forma rápida. Sin embargo, si las metas son paulatinas, medibles y hay suficiente motivación, es más probable que la persona termine involucrada con el plan.
  6. No centre la conversación familiar fuera o dentro de la mesa en la “dieta”, incluso trate de no utilizar esta palabra que socialmente tiene un significado peyorativo y relacionado con el sacrificio.
  7. Acepte incondicionalmente a su hijo (a), fortalezca sus áreas fuertes y habilidades; no centre jamás el afecto en el seguimiento de un plan nutricional. Céntrese en la corrección de conductas pero no en el autoestima de la persona.
  8. Converse de forma tranquila con su hijo (a) sobre las dificultades que le genera el seguimiento del plan y ayúdele a construir estrategias para no fracasar en el mismo. Los errores deben ser concebidos como oportunidades de mejorar el plan inicialmente propuesto.
  9. No ceda ante las peticiones de su hijo (a) que insistentemente pide ciertos tipos de alimentos, la perseverancia y firmeza en estos casos. No se enoje ni haga prohibiciones de alimentos pues esto promueve la oposición de las personas menores de edad.
  10. Converse con los familiares que a partir del mito del “pobrecito” ofrecen a sus hijos constantemente opciones no saludables y que traen abajo el plan nutricional y las metas propuestas. Si hay caso omiso a su llamado, debe haber una limitación en las visitas no supervisadas a dichos lugares. Lleve en este y otros casos snacks permitidos que puedan distraer la atención de los niños y niñas en dichos momentos.
  11. Programe actividades físicas que puedan realizar con los otros miembros de la familia en conjunto, no fomente el sedentarismo en el hogar (limite las horas de actividades en las cuales estén sentados, no permita que coman frente a estas opciones tampoco). Camine, visite lugares al aire libre y fortalezca así las relaciones familiares.

Es necesario retomar a partir de lo anterior, la importancia de que la familia completa adopte un estilo de vida saludable para todos los miembros tanto en la alimentación como el ejercicio físico, esto como una inversión para la salud de todos para toda sus vidas.