¿El pasado emocional afecta las relaciones?

Beatriz Ferreyros
Periodista
bferreyros@saborysalud.com

Para nadie es un secreto que las experiencias amorosas anteriores nos pueden marcar indefinidamente para el resto de nuestras vidas tanto negativa como positivamente.

Cada persona con la que hemos compartido nos generó un sentimiento determinado. Amor, aprendizaje, desilusión, crecimiento. Todos recuerdos inolvidables, por buenos o por malos que fueran.

“Es mejor haber amado y fracasado, que nunca haberlo hecho”; cada persona con la que hemos mantenido una relación -duradera o efímera- nos formó en nuestra personalidad y de alguna manera nos hizo ser lo que hoy ofrecemos a los demás. Por lo que, entre más personas hayan estado a nuestro lado, más pesado y fuerte será ese pasado amoroso del que hablamos.

Criaturas emocionales

Las personas somos dominadas por las emociones, por lo que siempre tratamos de buscar el equilibrio que nos permita funcionar dentro de una sociedad, una relación amorosa, un trabajo; de otra forma seríamos como animales llevados por la corriente instintivamente y sin medida provocando el caos a nuestro alrededor.

Ese equilibrio que todos anhelamos, se ve constantemente perturbado por personas, momentos, situaciones de tensión que nos hacen “perder el norte”; aunque las experiencias varían unas de otras, en su mayoría provienen del hogar y lo que aprendimos desde que éramos muy pequeños; -pero para nuestra inconveniencia-, afloran cuando somos adultos y sobretodo cuando nos enfrentamos a una pareja; de ahí que la carga emocional que llevamos todos dentro sea imposible de negar o ignorar.

Ópticas distintas

“Nunca más me vuelvo a enamorar”; “Soltero para siempre”; “Casarse es un mal negocio, se pierde más de lo que se gana”; opiniones como éstas nos comprueban el sentir de muchas personas que fracasaron en sus intentos por encontrar esa media naranja y simplemente no pueden manejar ese bagaje emocional que cargan por una persona que ya no está a su lado.

La diferencia entre una persona y otra que ha sufrido de amor, será la óptica con la que percibe la pérdida. Todos sabemos lo doloroso que es la infidelidad, la traición, la mentira en una relación; pero una vez que pasamos “el luto” necesario e importante, no podemos dejar que ese pasado nos nuble la vista y nos impida ver el camino hacia adelante.

El proceso es complejo y muchas veces escabroso, “sentimos que morimos en el intento”; pero no es así. Lo irónico del caso es que entre más desapegados estemos de ese pasado y logremos ver las cosas desde fuera, más oportunidades vamos a tener de encontrar felicidad en otro puerto; porque las reflejamos en actitudes, prioridades y emociones que las personas ajenas a nuestra historia anterior perciben.

Cada relación amorosa es un aprendizaje; ya sea de lo que “no hay que volver a hacer”, “de lo que definitivamente hay que repetir” y de lo que “nos sirvió para crecer”. La óptica negativa o positiva nos la damos nosotros mismos y dependerá únicamente de nuestro esfuerzo para darle un giro al sentimiento.

¿Amantes del dolor?

La misma esencia del ser humano autodestructiva nos impide avanzar porque “el dolor gusta” de alguna manera. Nos victimizamos y sobretodo fantaseamos con una persona que NO ERA para nosotros por la costumbre o soledad que sentimos al ver a esa persona salir de nuestras vidas y no tener a nadie en perspectiva por un tiempo determinado. Pero por suerte no es un estado de ánimo permanente. La ansiedad, la melancolía y el hastío de demostrar amor de nuevo se van.

De ahí que tenemos que procurar buscar personas que no sean “amantes del dolor”, es decir con un bagaje emocional ya superado o en el mejor de los casos con un pasado ligero que no afecte el desempeño de la nueva relación.

Muchos se equivocan al pensar que a menor edad menor bagaje; pero no tiene nada que ver con ello, más bien se trata del tipo de persona, de su valentía y autoestima.

Ubicar personas sintonizadas en ese sentido, es la mejor manera de superar traumas pasados y es ahí donde tenemos que poner nuestro interés; porque de lo contrario seguiremos tropezando con el mismo patrón de conducta que no conviene y obteniendo los mismos resultados que hasta ahora.

Olvidemos el miedo a sentir

Es probable que sintamos miedo de querer, de sentir por alguien de nuevo luego de un pasado amoroso conflictivo. Pero los rencores y remordimientos sólo nos afectan a nosotros, pues la persona a la que van dirigidos no se está enterando, con lo cual lo mejor que podemos hacer es eliminarlos lo antes posible, si no queremos fracasar en todas nuestras relaciones. Cada persona es distinta y no tiene porqué repetirse el mismo episodio dos veces.

Aprendamos a reforzar la seguridad dañada y decidamos: Si lo que nos provoca es ir de flor en flor, hacerlo sin perjuicios, si más bien queremos quedarnos solos y disfrutar de la libertad, que así sea, o si lo que nos hace felices es tener una pareja de nuevo, ponerse a trabajar en ello.

¡Hasta la próxima!