El autocontrol permite una canalización de diferentes sentimientos, tales como el enojo, la frustración y la tristeza. Es una herramienta que garantiza el éxito!
MSc. Dyalá Castro C., Psicóloga Clínica
Centro de Desarrollo Infantil
Tel: 2221-8385 / dyalacastro@gmail.com

El logro de conductas como:
Se convierten en realidades de quienes logran el fortalecimiento del autocontrol, habilidad que permite una canalización de diferentes sentimientos, incluso aquellos típicamente difíciles de manejar como el enojo, la frustración y la tristeza.
Las habilidades que permiten esto se aprenden desde la niñez: desde la regulación del temperamento cuando se es una persona menor de edad hasta el progresivo manejo de nuestras reacciones a lo largo de la vida.
El autocontrol es una característica que se va adquiriendo conforme nos desarrollamos, por ende debe ser aprendida y mejorada a partir del apoyo de las personas adultas y el respectivo modelo que realicen al enfrentar los retos de la vida cotidiana.
Un niño (a) necesita observar en su padre o madre, persona cuidadora y figuras significativas:
A partir de esto, esas reacciones iniciales de los niños (as) de manifestar las emociones de forma pura (por medio de llantos pronunciados, alegría desbordada, enojo con berrinche) poco a poco con la enseñanza y el modelo irán tomando una expresión más adecuada, controlada hasta llegar a la moderación de la conducta.
Es necesario para esto que los padres, madres y otras figuras significativas puedan manifestar y vivenciar todas las emociones como normales pero con la respectiva modulación de las conductas que le acompañan. Por ende, es fácil escuchar las siguientes frases:
Como puede observarse hay un total reconocimiento del sentimiento, esto no es modificable, sin embargo se le pide que lo canalice en formas aceptables tanto para si mismo como para otros niños(as) y personas.
La paulatina incorporación de estas conductas permite auto conocimiento, expresión de emociones en lugares y en las proporciones adecuadas y fortalece el control del temperamento, así como la responsabilidad en la toma de decisiones sobre cómo me comporto en las diferentes situaciones que se vivirán en la cotidianidad.