“Mi hijo no puede parar de comer”.
Consejos para ayudar a niños que comen por “ansiedad”

Rebeca Hernández, Nutricionista
rhernandez@saborysalud.com

¿Pasa su hijo todo el día buscando comida? ¿Le da la impresión que no hay nada que le satisfaga? ¿Le parece que come por ansiedad?
En adultos es común que ocurran estos casos de “comedores emocionales”, en que se utiliza la comida como una forma de “alivio” a emociones negativas, como estrés, ansiedad, tristeza, etc. Aunque parezca extraño, muchos niños pueden desarrollar esta conducta.
¿Cuáles son los signos de que su hijo puede estar comiendo en respuesta a emociones?

  • Obsesión con la comida. Pasa pensando en su próxima comida sin acabar la que tiene al frente.
  • Come de forma impulsiva.
  • Come muy rápido.
  • Parece que no se detiene aun cuando debería estar lleno.
  • Come cantidades muy grandes para su edad en muy poco tiempo.

Antes de tomar cualquier acción, es importante que tenga mucho cuidado, ya que algunas medidas aunque bien intencionadas, pueden resultar haciendo más daño que bien.

Por ejemplo, cuando los adultos regular de forma extrema lo que sus hijos comen, más bien pueden favorecer problemas de peso, y de alimentación. También, presionarlos o premiarlos, hace que les sean más atractivos los alimentos que se restringen o son premio, y que cuando los tengan disponibles abusen de éstos.

Los intentos por controlar la ingesta, pueden ir también más allá del sobrepeso. La relación con los alimentos, es una forma en que los niños aprenden a sentirse amados y protegidos. Por lo tanto, se puede tener un impacto fuerte al controlar la comida sobre como se va a sentir el niño consigo mismo. Si la alimentación se torna en una forma de control, no solo va a ser inefectivo, sino que puede llegar a dañar su salud social y emocional.

¿Qué hacer?

  • Tenga presente que no se trata del peso

 

Ya la mayoría de los niños con sobrepeso saben bien que son más gruesos que sus compañeros, y probablemente ya han desarrollado una pobre imagen corporal, baja autoestima, así como cierto “miedo” a la comida. Asimismo, son más propensos a exhibir altos niveles de estrés emocional, y tener menos expectativas positivas sobre su futuro. Señalarles aparte de sus hermanos o amigos, no va a ayudar para nada la situación, lo último que un niño con sobrepeso necesita, es que sus padres le estén recordando de su situación.

Si se van a realizar cambios en la alimentación se debe hablar sobre mejorar la salud, nunca sobre el peso.

  • Evite poner etiquetas o restringir

 

Mensajes negativos como el “azúcar y las grasas son malas”, o el uso de términos como “cochinadas” o “comida chatarra”, contribuyen como se explicó anteriormente, a que mas bien el niño empiece a sentir cierto “temor” a los alimentos y un deseo mayor por los etiquetados como prohibidos. Al final esto solo lleva a más problemas con sus patrones de alimentación y el peso.

Se recomienda lo siguiente:

  • Mantenga en el hogar abundantes alimentos saludables para que el niño pueda satisfacer sus necesidades fisiológicas con estos. No llene la alacena de alimentos altos en calorías y poco nutritivos.
  • Si el niño pide un alimento alto en calorías, no le restrinja el acceso, pero ofrézcalo con moderación, sin hacer comentarios al respecto.
  • Si el niño insiste en tener ciertos alimentos dulces en casa, cómprelo con menos frecuencia, y cuando lo compre no lo restrinja. Compre una cantidad adecuada y explíquele a donde está. Deje abierta la opción de que lo tome o no, no lo ofrezca o limite.

 

  • Ayúdeles a “reconectarse con sus señales internas de hambre y saciedad”

Los niños nacen con reguladores internos de hambre (necesidad de alimento por combustible), apetito (necesidad de alimento por placer) y saciedad (satisfacción, el punto natural para detenerse cuando las necesidades de hambre y apetito han sido llenadas).

Si estos reguladores internos se preservan con la ayuda de una alimentación adecuada por parte de quienes les cuidan, los niños pueden desarrollarse de forma saludable.

Niños “ansiosos” probablemente han perdido su capacidad de autorregularse, así que la clave es enseñarles esto de nuevo. Pregúntele, ¿que siente físicamente cuando tiene hambre? ¿Le duele el estómago? ¿Se siente cansado? Trate de que el niño lo explique con sus propias palabras, ya que todos lo experimentan diferente. Después pregúntele que siente cuando está satisfecho (no lleno). Esto puede ser como ya no me duele el estómago, me siento tranquilo, etc. Después haga la diferencia con “lleno”, que puede ser no puedo ni tomar una gota de agua, el estómago ahora me duele por lleno, etc.

Una buena idea es usar una escala del 0 al 10, haciendo referencia por ejemplo al tanque de un carro. 0 es que el carro ya casi no camina, y 10 que está repleto de gasolina. Lo ideal es que el niño empiece a comer entre un 3 a 4, y se detenga antes del “tanque lleno” en un 7 a 8.

Si es de los niños que continuamente llega a pedirle galletas, u otros, entonces este ejercicio puede resultar bastante efectivo. Si pide la galleta pregúntele, ¿qué sientes?, ¿tenés hambre? Si realmente tiene hambre, y considera lógico que la tenga, entonces puede comerse una cantidad moderada de galleta, pero por supuesto lo ideal es que se le tengan siempre alternativas más saludables.

  • División de responsabilidades entre padres e hijos

 

La alimentación es tanto responsabilidad de los padres como de los propios niños. Las responsabilidades de cada uno son:

RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES:

  • Mantener un horario regular de comidas. Los niños necesitan un orden, y también de varias comidas al día, ya que su capacidad gástrica es limitada. Para no quedar “llenos” o pasar hambre, requieren comidas pequeñas y frecuentes. Los padres tiene responsabilidad de establecer estos horarios, idealmente 3 comidas livianas y 2 a 3 meriendas.
  • Ofrecer en cada tiempo de comida las alternativas más saludables para las necesidades del niño.
  •  Asegurar que el tiempo de comida sea agradable y hagan sentir bien al niño.
  • Tener confianza en la capacidad de autorregulación de sus hijos.

RESPONSABILIDAD DE LOS NIÑOS

  • Elegir si desean comer o no cuando se les ofrece. El niño es el único que sabe si tiene hambre o no. Si en el momento programado dice no tener hambre, entonces se debe CONFIAR en esta decisión. En el próximo tiempo de comida, en su horario se le volverá a ofrecer.
  • Elegir cuál de las alternativas saludables que se les ofrecen desean comer o no.
  • Determinar cuánto de esto comen.  La cantidad puede variar mucho día a día, los padres deben de confiar que es lo adecuado para ellos.