La obesidad infantil

Kathryn von Saalfeld, Nutricionista
Clínica de Nutrición von Saalfeld
kvsaalfeld@saborysalud.com

La obesidad tiene múltiples causas, como lo son genéticas, metabólicas, biológicas, psicológicas, culturales y ambientales, que pueden contribuir al desarrollo y/o al mantenimiento del exceso de peso.

  • Factores genéticos: Cuando hay obesidad en la familia, se puede hablar de un factor genético, sin embargo, la dificultad de separar los efectos hereditarios de aquéllos producidos por el ambiente, hace difícil determinar el impacto de la influencia genética.
  • Gasto energético: Un reducido gasto de energía probablemente desempeña un papel importante en la obesidad.  Estudios demuestran que los niños gastan al día en promedio menos de 1 hora en actividad física moderada o fuerte, y 9 horas en actividades ligeras como ver televisión o estar sedentario en la escuela o casa.
  • Ingesta de alimentos: En la mayoría de los casos, existe un consumo elevado de energía. Es frecuente encontrar un consumo elevado de azúcares simples y alimentos fuente de carbohidratos y grasas, ya que son los alimentos de más fácil acceso para los niños.
  • Factores emocionales: Ciertos desórdenes emocionales puedan conducir a la ingesta de comida en exceso. Para los niños obesos, el comer puede ser una manera de afrontar algunas emociones que no pueden manejar, y el niño inconscientemente puede regresar a la infancia, etapa de la vida donde el alimento tiene una importancia fundamental en la relación madre-hijo.

El niño obeso puede desarrollar ciertas condiciones físicas y fisiológicas, como los son:

  • Pérdida el arco plantar del pie, desarrollando "pie plano"
  • Desvío en el eje de sus piernas con respecto a los muslos (forma de X), causando dolor y fatiga
  • Alteración en la columna vertebral por tener que soportar más peso
  • Dificultad para el sueño y roncan a menudo
  • Niveles elevados en sangre de colesterol y triglicéridos
  • Presión arterial alta

A nivel psicológico, el niño también puede sufrir de baja autoestima, rechazo social y aislamiento por parte del niño/adolescente, originando depresión. Esto a su vez puede conllevar al aumento del apetito, y como consecuencia se crea un círculo que empeora la obesidad.

Al valorar el estado nutricional del niño, se debe considerar si éste presenta un sobrepeso, u obesidad en grados I, II, ó III. Para diferenciarlos, se utilizan varios parámetros específicos como lo son el pliegue de grasa del tríceps, y los indicadores peso/edad y peso/talla. Cuando el niño tiene un exceso de peso del 10%, se habla de sobrepeso, cuando tiene un 20-30% más de los que debería normalmente pesar, se habla de obesidad grado I, 30-40% es equivalente a obesidad grado II, y 40-50% está en obesidad grado III. La obesidad se considera mórbida cuando el niño tiene más de un 50% del peso que debería tener para la talla. 

El tratamiento nutricional de estos niños incluye 4 objetivos principales:

  • Controlar del peso, manteniendo un crecimiento y desarrollo adecuado
  • Desarrollar hábitos alimentarios adecuados
  • Promover la salud física y psicológica
  • Prevenir el desarrollo de enfermedades cardiovasculares

Como recomendaciones generales, es importante acatar las siguientes:

    • Involucrar en el tratamiento a la familia y personas que cuidad al niño.
    • Cambiar los hábitos de compra de la familia, evitando para todos el uso de alimentos prohibidos para el niño obeso, ya que de lo contrario se puede ocasionar incumplimiento por parte del niño.
    • Comer únicamente en los lugares destinados para ello, sin mezclar otras actividades como lo son estudiar o ver televisión.
    • Evitar azúcares concentrados en dulces, bebidas gaseosas y postres.
    • Evitar los productos empacados y reposterías altas en grasa, además de la adición de grasas a las comidas (mantequilla, margarina, natilla, aceite).
    • Preferir el uso de lácteos descremados (leche/yogurt, quesos blancos).
    • Utilizar carnes magras (con poca grasa), eliminando siempre la grasa antes de cocinarla. Además se debe quitar la piel del pollo.
    • Mantener un elevado consumo de frutas (pueden comerse en el desayuno, entre comidas, y como postre del almuerzo y cena), además de vegetales no harinosos (deben incluirse siempre con el almuerzo y cena).
    • Reducir al máximo el freír los alimentos; preferir hornearlos, sudarlos o cocinarlos con poca grasa.
    • Evitar las comidas rápidas; usualmente son elevados en grasa y calorías.
    • Evitar el síndrome del plato limpio, y es preferible utilizar platos pequeños para la alimentación.
    • Evitar la utilización de los alimentos como premio o castigo, tratando de utilizar mejores estímulos positivos como llevarlos al parque, sacarlos a jugar, llevarlos a la piscina, etc.
    • El ejercicio es de suma importancia para los niños. Se recomienda por lo menos una hora diaria de ejercicio que produzca sudoración y agitación.