La evidencia sobre la efectividad de suplementos en el tratamiento de la diabetes es limitada, por lo que hasta el momento no se puede afirmar con certeza que alguno aporte beneficios significativos. Una única excepción, es el uso de suplementos de ácidos grasos omega – 3, DHA y EPA, que sí se ha comprobado son efectivos para disminuir los niveles de triglicéridos en sangre.
Sobre los suplementos que se han evaluado, algunos sí han demostrado ser usualmente seguros, y beneficiosos. Sin embargo, aún se requiere más investigación para dar recomendaciones precisas.
A continuación un breve resumen de los 4 suplementos sobre los que se ha realizado más investigación en el tratamiento de la diabetes tipo 2:
1. Ácido Alfa Lipóico
Es un antioxidante, lo que significa que actúa previniendo el daño a las células causado por los radicales libres. Los radicales libres son sustancias que se forman naturalmente en el cuerpo en el proceso de respiración, y también por otros factores como un exceso de grasa en la dieta, contaminación ambiental, fumado, etc. Niveles altos de azúcar en sangre, también favorecen que haya más radicales libres y por lo tanto también más daño celular.
El ácido alfa lipóico naturalmente se encuentra en alimentos como espinacas, brócoli. También se puede sintetizar en el laboratorio, que es lo que se ofrece en el mercado como suplemento.
Evidencia: Hasta el momento lo que se ha encontrado es que el ácido alfa lipóico puede ser superior a otros similares, ya que aumenta los niveles de otros antioxidantes, por lo tanto su protección es mayor. En personas con diabetes ha demostrado ser beneficioso para proteger contra neuropatía diabética. También puede ayudar a mejorar la sensibilidad a la insulina, la absorción de glucosa en músculo esquelético, y proteger contra otras consecuencias como daño a riñones. Sin embargo, se necesita más investigación para poder recomendarlo con certeza. La dosis que se ha utilizado en las investigaciones es de 600 mg al día.
Posibles riesgos: El único problema que se ha descrito es que puede disminuir mucho el azúcar en sangre, y por lo tanto los niveles de glucosa deben de monitorearse con atención mientras se consuma. También puede disminuir niveles de algunos minerales como el hierro; interactuar con medicamentos como antiácidos; y disminuir la efectividad de algunos medicamentos contra el cáncer. Otros posibles efectos secundarios son dolores de cabeza, alergia en la piel, y malestar estomacal.
2. Cromo
Es un mineral esencial. Se puede encontrar en muchos alimentos, como carne de res, pescado, pan integral de trigo y centeno, levadura de cerveza, frijoles. Como suplemento se puede vender como picolinato de cromo, cloruro de cromo o nicotinato de cromo.
Evidencia: Se ha demostrado que juega un rol importante en mejorar la sensibilidad a insulina, en personas deficientes de cromo, el problema es que es difícil identificar quien realmente puede presentar deficiencia y se beneficiaría de la suplementación. Tampoco hay suficientes estudios para recomendarlo con certeza.
Posibles riesgos: Puede llegar a disminuir mucho los niveles de azúcar en sangre, por lo que si lo toma debe monitorearse regularmente en caso de que sea necesario ajustar la dosis de medicamentos. Debe limitarse a 200 ucg por día, ya que dosis altas sí se han asociado a efectos secundarios serios como problemas en el riñón, sangrados en el tracto gastrointestinal, daño a hígado, entre otros. Sin embargo, esto se ha reportado en personas que han consumido 1200 ucg o más al día.
3. Magnesio
Es un mineral. Alimentos fuente de magnesio son los vegetales de color verde oscuro, nueces, granos enteros.
Participa en varias funciones esenciales en el organismo, incluyendo regulación del ritmo cardiaco, contracción muscular, formación ósea, síntesis proteica, regulación de la presión arterial, y manejo del azúcar en sangre.
Evidencia: En personas diabéticas se han observado bajos niveles de magnesio, algunos estudios han encontrado que estos bajos niveles perjudican el control de la glicemia (ya que interrumpe la secreción de la insulina del páncreas y aumenta la resistencia a la insulina), contribuyendo a que empeore la diabetes y se favorezcan sus complicaciones. Sí existe evidencia sobre su utilidad en mejorar la resistencia a insulina, sin embargo aún se necesitan más estudios para determinar si realmente existe un beneficio como tratamiento complementario a la diabetes. La dosis recomendada es de 400 mg
Riesgos: Es uno de los suplementos más seguros disponibles siempre que se mantenga a bajas dosis. Dosis mayores de 600 mg al día se deben evitar, ya que pueden causar efectos adversos como malestar gastrointestinal, nauseas, interferencia con la absorción del calcio, presión arterial baja, ritmo cardiaco irregular, y confusión. Puede interactuar e interferir con algunos medicamentos, incluyendo antibióticos, medicamentes para prevenir osteoporosis, algunos medicamentos para controlar la presión arterial, relajantes musculares y diuréticos.
4. Ácidos grasos omega – 3
Los ácidos grasos omega – 3, son ácidos grasos polinsaturados cuyas principales fuentes en la dieta son pescados grasosos (como salmón, trucha arco iris, sardinas, atún), también nueces, germen de trigo, linaza y aceite de canola. Como suplementos, se venden en cápsulas como aceite de pescado o específicamente aceite de salmón.
Son necesarios para muchas funciones del organismo, como coagulación, división celular, fertilidad, entre otros.
Evidencia: En relación a la diabetes, es sobre lo que más existe evidencia en cuanto a suplementos. Su beneficio radica principalmente en la reducción de triglicéridos en sangre y protección cardiovascular, lo cual es importante ya que el riesgo puede ser mayor en personas diabéticas.
Hay varios tipos de omega – 3, los que presentan estos beneficios son el DHA y EPA, derivados de los aceites de pescado. La dosis para controlar los triglicéridos es de 3 gramos al día. Como protección, lo que se recomienda es 1 gramo al día.
Riesgos: Puede interactuar con algunos medicamentos, como anticoagulantes, y medicamentos contra la presión alta. Los únicos efectos secundarios descritos son malestar estomacal y nauseas.