¿Qué es un cultivo transgénico?

PhD Enrique Villalobos
Ingeniero Agrónomo
Villabos.enrique@gmail.com

Diana Villalobos
Nutricionista
Villalobos.diana@gmail.com

Un cultivo transgénico es aquel que contiene un gen o genes que han sido insertados artificialmente por medio de la biotecnología moderna, en lugar de haberlos adquirido por medio de la polinización. La secuencia de gen (es) insertado (s) pueden provenir de otra planta no relacionada o de una especie completamente diferente.

El primer alimento genéticamente modificado (transgénico) fue introducido en el mercado internacional a mediados de los años noventa. Desde ese momento, variedades de soya, maíz y algodón, entre muchos otros cultivos se han mercadeado en diferentes áreas del mundo. En la actualidad se estima que los cultivos transgénicos cubren aproximadamente el 4% del área cultivable global.

La aplicación de la biotecnología moderna a la producción de alimentos presenta nuevas oportunidades y desafíos para el desarrollo humano. La introducción de nuevos rasgos a ciertos cultivos puede ofrecer una mayor productividad agrícola o mejorías en la calidad del contenido nutricional de estos, por lo que eventualmente se puede llegar a realzar directamente la salud de las personas.

Mejoría en la calidad nutricional de los cultivos

La primera generación de cultivos genéticamente modificados se desarrolló con el objetivo principal de beneficiar a la productividad agrícola, ya que se buscaba que las nuevas plantas creadas tuvieran propiedades como: la resistencia a pestes y enfermedades y además, tolerancia a los herbicidas.

Sin embargo, la siguiente generación de transgénicos, según la opinión de los científicos, va a beneficiar a los consumidores directamente, ya que se están creando productos con mayor contenido de nutrientes que ayudan a prevenir enfermedades y con menor cantidad de toxinas y alergenos perjudiciales para la salud.

La mejora en la calidad nutricional de los cultivos se va a llevar a cabo por procesos complejos de ingeniería metabólica. Estos procedimientos consisten en la redirección de una o más reacciones metabólicas para optimizar la producción de compuestos existentes, producir nuevos compuestos o mediar la degradación de compuestos.

Los principales objetivos de la ingeniería metabólica son:

  1. Optimizar la composición de nutrientes.
  2. Mejorar la estabilidad de los nutrientes.
  3. Aumentar la cantidad de antioxidantes y vitaminas.
  4. Eliminación de compuestos anti-nutricionales.
  5. Eliminación de proteínas alergénicas.
  6. Producción de compuestos dietéticos.
  7. Producción de fitoquímicos.

Actualmente, se están desarrollando una gran variedad de cultivos nutricionalmente mejorados. Estos van a ser sometidos a varias evaluaciones nutricionales y de seguridad siguiendo regulaciones existentes que son más que adecuadas para lidiar con cualquier preocupación potencial.

Algunos ejemplos de alimentos genéticamente modificados con rasgos nutricionales mejorados se muestran en el siguiente cuadro:

Cultivo

Rasgo/ Compuesto

Beneficios Potenciales a la Salud

Arroz

↑ contenido de beta carotenos

Antioxidante: neutraliza radicales libres que pueden causar daño celular.

Tomate

↑ contenido de licopeno

Puede reducir el riesgo de cáncer de próstata.

Canola

↑ contenido de ácidos grasos omega-3

Puede reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y mejora las funciones visuales y mentales.

Arroz

↑ contenido de hierro

Puede prevenir la deficiencia de hierro o anemias.

Soya

↑ contenido de isoflavonas.

Puede disminuir algunos síntomas de la menopausia.

Puede reducir el riesgo de osteoporosis y enfermedad cardiovascular.

Alfalfa

↑contenido de resveratrol.

Puede reducir el riesgo de ciertas enfermedades degenerativas, enfermedades coronarias y cáncer.

Remolacha

↑ contenido de fructanos.

Puede mejorar la salud gastrointestinal.

Mitos acerca de los Cultivos Transgénicos

Mito 1

“Los alimentos transgénicos no son seguros…No se conocen los efectos en la salud a largo plazo”.

Realidad

“No se ha observado ningún impacto en la salud desde la introducción de cultivos y alimentos transgénicos. No existe evidencia que sugiera que las variedades de cultivos y alimentos transgénicos que se comercializan actualmente son tóxicos, alergénicos o nutricionalmente deletéreos”.

(Según una revisión científica comisionada por el gobierno del Reino Unido, 2003)

“Los alimentos transgénicos actualmente disponibles en el mercado internacional han sido evaluados rigurosamente y no presentan riesgos para la salud humana”.

(Según la Organización Mundial para la Salud, 2005)

Mito 2

“Los cultivos transgénicos causan daños ambientales…”.

Realidad

“Los efectos negativos en el ambiente son producidos por el manejo de las malas hierbas no por los cultivos transgénicos en sí. Por el contrario, la flexibilidad de los cultivos transgénicos permite que sean cultivados en una manera que puede ser hasta beneficiosa para el ambiente”.

(ACRE, Advisory Committee on Release to the Environment, un comité consejero en cuanto al lanzamiento o mercadeo de cultivos transgénicos).

Mito 3

“Los agricultores no quieren cultivar transgénicos”

Realidad

En los próximos años se predice que más de 10 millones de agricultores en aproximadamente 25 países van a sembrar 100 millones de hectáreas de cultivos transgénicos.

“Los agricultores ya están convencidos, porque han adoptado rápidamente los cultivos transgénicos debido a sus ventajas agronómicas, económicas, ambientales y sociales”.

(Clive James, fundador del ISAAA, un organismo que contribuye a aliviar la pobreza, al incrementar la productividad de cultivos y la generación de ingresos, particularmente para los agricultores de bajos recursos).

Una página con información interesante es http://www.abcinformation.org.

Comentario sobre cultivos y alimentos transgénicos

PhD. Enrique Villalobos y Diana Villalobos

Los avances en el conocimiento de la biología celular y molecular y en el desarrollo de técnicas para manipular el ADN abren expectativas para el mejoramiento genético de las plantas y animales de una forma que sobrepasa la barrera de la imaginación. Las técnicas convencionales de mejoramiento genético de las plantas estuvieron básicamente reducidas a la inducción de variabilidad genética y a la selección de variedades superiores mediante el cruzamiento de genotipos dentro de una misma especie. Las nuevas técnicas amplían enormemente este panorama al poder introducir en una variedad agrícola genes de especies diferentes, no solamente de aquellas del reino vegetal sino del reino animal o protista.

No impresiona a nadie el saber que los genes que impiden que un pez que vive feliz en el polo norte sin congelarse le hayan sido transferidos a una variedad de fresa que de ahora en adelante se podrá congelar y descongelar sin sufrir daños físicos. Este hallazgo parecerá repugante a algunos, por ignorancia, pensando erróneamente que la fresa podría tener algún sabor a pescado o por simple oposición a quienes podrían lucrar con este logro. En el primer caso, lo que se introdujo del pescado a la fresa fue una secuencia de bases nitrogenadas que en un ordenamiento específico constituyen un gen. Este gen codifica para una proteína o sustancia que puede tener una función específica o puede desencadenar una serie de reacciones que impiden que las paredes de las células de la fresa se congelen. Esta transferencia del gen en cuestión no involucra aquellos genes que codifican para las sustancias que proveen el sabor a pescado. Las bases nitrogenadas que constituyen el gen: guanina, citosina, adenina y timina son comunes a todos los seres vivos, llámense virus, elefantes, seres humanos o ratones. Si se trata de oponerse a quienes deseen lucrar con una fresa que tolera el congelamiento, el asunto trasciende al conocimiento científico pero hay que aceptarlo como algo totalmente normal.

Cuando los españoles llevaron el tomate a Europa en el siglo XVI, la oposición al consumo de esta fruta fue enorme: podría transmitir la tuberculosis o la malaria o podría producir reacciones alérgicas mortales. No fue sino hasta 200 años después que los europeos se atrevieron a consumir el tomate y a producirlo comercialmente. Actualmente, sería difícil imaginar la cocina italiana sin tomate.

Contrario a lo que ocurrió con la oposición al consumo de productos americanos llevados a Europa, la aprobación al consumo de los alimentos transgénicos o modificados genéticamente (OMG) crece en forma acelerada. La producción comercial de cultivos transgénicos aumentó 35 veces de 1996 al 2002 (de 1,7 a 58,7 millones de hectáreas) y aunque se mantiene concentrada en cuatro países: EUA, Canadá, China y Argentina; y cuatro especies agrícolas: soya, maíz, algodón y semilla de colza (Brassica napus), tiende a extenderse a otros países y a otras especies, y sin duda muy pronto los alimentos transgénicos tocarán la puerta de nuestras cocinas y nuestros refrigeradores.

Al presente no hay evidencia de que los cultivos transgénicos que se cultivan en el mundo hayan causado reacciones alérgicas o tóxicas o de que hayan sido nutricionalmente perjudiciales en los cientos de millones de personas que los han consumido. No obstante, muchos han debido eliminarse antes de su distribución por causar efectos indeseables tras su consumo.

El consumidor debe conocer si el alimento que va a consumir es transgénico o no. Urge legislación al respecto en Costa Rica. En muchos países, como Alemania, se usa el principio de “equivalencia sustancial” para decidir si el eventual consumo de un alimento transgénico puede constituir un riesgo o no. Para ello se compara el nuevo producto con otro de conocida inocuidad, genética, química y agronómicamente. Si el nuevo producto es similar en estos aspectos al alimento tradicional se acepta para su consumo y si no se evalúa más exhaustivamente o se rechaza. Aún así, el consumidor se informa de que el producto es transgénico mediante una etiqueta en la parte externa del envase del producto. Ni el principio de la “equivalencia sustancial” ni el “principio de precaución” confirman la inocuidad de un producto transgénico, y menos a largo plazo. Este último establece que en caso de duda el producto no debe aceptarse para su consumo. Estos aspectos deberían tomarse en cuenta cuando se legisle sobre la producción y consumo de los cultivos transgénicos en Costa Rica.

En conclusión, la era de los alimentos transgénicos u OMG ha iniciado su carrera a lo infinito, abriendo expectativas inimaginables a la agricultura moderna y a la alimentación de nuestros pueblos. Aprovechemos esta oportunidad para educar a nuestra gente, para alimentar a nuestra población adecuadamente, para reducir la brecha entre los que no comen y los que se mueren por comer mucho, para educar a nuestros pueblos sobre la importancia de comer para vivir y no de vivir para comer, para el bienestar social y no para aprovecharnos unos de los otros. No nos opongamos a los transgénicos por ignorancia ni por el deseo de figurar, ni por considerarlo una oportunidad para expresar nuestro repudio a las empresas transnacionales. Demos recursos y oportunidad a las instituciones de educación superior públicas para que investiguen y desarrollen productos biotecnológicos que satisfagan nuestras necesidades y nos garanticen la seguridad alimentaria, nuestra independencia y el bienestar de nuestro pueblo.