Comer por Comer:
Cuando la mente manda, y no el estómago...

Rebeca Hernández
Nutricionista
rhernandez@saborysalud.com

*Información recopilada del Congreso Anual Internacional del IAEDP (International Academy of Eating Disorders Professionals) “On the Cutting Edge: New Treatments for Eating Disorders”, realizado del 3 al 7 de agosto del 2005.

Necesitamos comer para vivir, los alimentos juegan un papel central en nuestra vida. El hambre, el ser alimentado y sentirse saciado, son de las primeras y más básicas sensaciones que se experimentan de deseo, alivio, y satisfacción.

De manera natural, tenemos la capacidad de auto regular lo que comemos. Un bebé sano es muy eficiente en regular su alimentación comiendo cuando tiene hambre y deteniéndose cuando esta satisfecho, lo cual le permite mantener una adecuada nutrición para lograr el crecimiento y desarrollo.

Sin embargo, a través de la vida esta relación con los alimentos deja de ser tan simple, y hay muchos factores que pueden interferir con la capacidad de autorregulación.

Cuando comemos porque nos sentimos mal, o algunas veces sin explicación lógica gravitamos hacia ciertos alimentos hasta consumirlos más allá de la saciedad, ocurre lo que se ha llamado como “alimentación disociada”. Sucede cuando la alimentación se da en respuesta a emociones, o mensajes externos, y no en respuesta a señales fisiológicas internas de hambre y saciedad

La disociación puede ocurrir por tres procesos diferentes:

  • Mensajes externos:

Mensajes externos pueden influenciar o llegar a dominar el proceso de toma de decisiones en torno a la alimentación, haciendo que se ignoren las señales internas de apetito.

Algunos de estos mensajes pueden ser:

“Es hora de comer…”

“Un helado te puede hacer sentir mejor …. “

“Si sigues comiendo de esa forma, probablemente vas a engordar ,,, “

“La grasa es mala, lo mejor es consumir alimentos libres de grasa.. “

  • Restricción de alimentos

De forma voluntaria las personas pueden iniciar a restringir su consumo, como manera de controlar el peso o “cuidar la salud”, eliminando ciertos alimentos que se han señalado como “malos”.

Psicológicamente, la restricción hace que se piense más en la comida que se esta evitando, y que se llegue a abusar de esta

  • Alimentación emocional

El comportamiento de muchas personas en torno a la alimentación puede estar reflejando emociones profundas para la cual la comida es un simbolismo.

Esto ocurre de manera inconsciente. Es la razón por la cual muchas veces sin explicación sentimos que no podemos dejar de comer ciertas galletas de chocolate, o porque cuando nos sentimos tristes buscamos helados...

Sin importar, cual sea el proceso que se experimenta, el resultado de todos es una disociación de las señales internas, haciendo que se pierda la relación con los alimentos como forma de nutrirnos y de proveernos satisfacción.

Poco a poco estas formas de disociación pueden llevar a desordenes de alimentación serios, que ponen en peligro la salud emocional y física de quien los sufre.

“Reconectando”

Lo primero que se debe entender es que el problema no tiene nada que ver con la comida!!

Los patrones de alimentación desordenada y desórdenes de alimentación son sólo un símbolo de situaciones más profundas. Por lo tanto, la “reconexión” con una relación sana con los alimentos solo puede ocurrir cuando se tratan directamente las emociones que están detrás del síntoma.

Descifrando el código

El primer paso consiste entonces en traer al nivel conciente las emociones.

La Dra. Anita Johnston, psicóloga especialista en desórdenes de alimentación y autora del libro “Eating in the Light of the Moon: How Women Can Transform their Relationship with Food through Myth, Methaphor and Storytelling” (Comiendo a la luz de la luna: como las mujeres pueden transformar la relación con la comida a través de mitos, metáforas e historias), considera que las metáforas son una excelente herramienta.

El poder de la metáfora esta en la capacidad de transformar patrones de pensamiento o comportamiento que pueden parecer irracionales, en algo comprensible por la conciencia, revelando su significado verdadero.

Lo que se debe hacer es buscar la metáfora que representa la comida en nuestras vidas.

El proceso de encontrar nuestras metáforas consiste en poner atención a cada detalle de nuestra relación con los alimentos. Se deben hacer preguntas y no forzar respuestas. Las respuestas están ahí, debemos escuchar con atención.

Los siguientes ejercicios le pueden ayudar a iniciar a descubrir su significado interno:

  • Pregúntese que le gusta de la comida que esta buscando, descríbalo con detalle.

Por ejemplo, si le gusta el chocolate describa que es lo que le gusta de éste. Le gusta porque es suave o por su aroma, o por la sensación que le produce en su boca, o inclusive si es porque el empaque le parece atractivo.

Analice también la forma en que le gusta consumir esta comida, describa en detalle si existe algún ritual en torno a su forma de consumo.

Ahora piense en que aspecto de su vida esta buscando algo similar a lo que esta comida la ofrece, o si el alimento se puede relacionar a una experiencia en su vida y de alguna forma lo revive cuando lo consume.

Cuando se buscan dulces, representa la necesidad de una forma de apoyo o cariño, el buscar cosas saladas y crujientes muchas veces representa sentimientos de enojo y frustración, la “necesidad” por alimentos picantes puede significar búsqueda de aventuras y emociones nuevas, el chocolate usualmente se asocia al sexo y romance.

Alimentación ‘conectada”

Una vez que se ha lidiado con los sentimientos internos, se puede iniciar el proceso de reconexión, que consiste en volver a alimentarse en respuesta a las señales internas de hambre y saciedad, se trata de volver a escuchar el cuerpo.

Los siguientes pasos le pueden ayudar a explorar de nuevo sus señales internas de hambre y saciedad:

  • Explore su propia percepción de hambre

¿Cuando sabe que está hambriento?
¿Hay partes del cuerpo en que siente el hambre o la saciedad?
¿Experimenta diferentes “tipos” o “niveles” de hambre?
¿Varía el hambre de día a día?
¿Cómo distingue cuando esta satisfecho o lleno? ¿Hay alguna diferencia?
¿Algunas veces se siente lleno, pero no satisfecho, o satisfecho pero no lleno?
¿Como decide cuando debe iniciar a comer y cuando debe parar?
¿Como se siente respecto a su cuerpo cuando está hambriento/lleno/satisfecho?
¿Que pasa si no come inmediatamente siente hambre?
¿Hay alguna intensidad de hambre o “llenura” que le hace sentir incómodo? ¿Por qué?
¿Afecta el hambre o la saciedad su deseo por ciertos alimentos o el sabor de los alimentos?

  • Utilice una escala de “hambre” para explorar mejor la relación con los alimentos.

En esta escalo 0 representa vacío, 5 neutro y 10 lleno.

Píenselo como si fuera un automóvil en que 0 es tanque vacío, 10 lleno y 5 es neutro (mitad del tanque).

Para esto es un útil llevar un “diario” de alimentos, en el que describa lo que come, sus pensamientos y sentimientos en el momento de la comida y el nivel de hambre que esta experimentando.

Describa detalladamente porque asigna un número en la escala, lo importante es que empiece a escuchar de nuevo lo que le dice su cuerpo.

  • Ahora con su registro analice como responde a cada tipo de alimentos. ¿Qué alimentos le hacen sentir más satisfecho o cuáles le dejan insatisfecho?

Descubra por usted mismo que mezclas de alimentos le hacen sentir bien, y cuando en realidad necesita comer un poco más.

  • Examine si tiene una percepción alterada del hambre y saciedad.

Por ejemplo, usted puede anotar que sentía un hambre de nivel de 2, y que después de consumir una tostada, se sintió en un 10. Esto no es una reacción normal, por lo que es bueno que explore un poco más que puede significar esto.

Al cambiar el paradigma de seleccionar alimentos en respuesta a emociones o señales externas, se puede iniciar a explorar las experiencias físicas con los alimentos, incluyendo su impacto en la salud y bienestar general.

Esta exploración también ayuda a obtener una mejor comprensión de su propio comportamiento, lo que a su vez permite analizar los sentimientos que pueden estar detrás de la alimentación.