Una buena comunicación en el hogar

Viviana Hidalgo
Psicóloga Enfoque a la familia
psicologia@saborysalud.com

“Una familia saludable,
requiere una comunicación saludable”.
(Wright, N, 1994, p.25)

Importancia de una buena comunicación en el hogar

Tener una saludable comunicación en el hogar, posibilita un ambiente de armonía, en el cual los distintos miembros pueden compartir y relacionarse de manera respetuosa y solidaria. Además, permite que exista una mayor comprensión de las diversas necesidades y personalidades de los integrantes de la familia, por lo que cada persona es apreciada y aceptada por ser quien es.

No significa que no se presenten problemas en el hogar, sin embargo, al haber una buena comunicación, los conflictos pueden resolverse de una manera en la que se puede aprender y crecer, así como construir soluciones positivas y creativas. A través de una buena comunicación, los problemas se enfrentan de manera directa y abierta, dentro de un clima en el que todas las opiniones cuentan y las distintas posiciones son escuchadas y respetadas.

Por otro lado, tener una adecuada comunicación en la familia, es crucial para el proceso de construcción de los valores, sobre todo porque es en el propio hogar, donde los/as hijos/as aprenden del ejemplo de sus padres para interiorizar dichos valores. Tener una sana comunicación familiar, permite sobretodo que los valores sean validados e integrados por los miembros. De este modo, la familia podrá tener una verdadera cohesión y estabilidad.

Significado de una buena comunicación

Una buena comunicación, va más allá del hecho de hablar y escuchar. Implica saber qué decir y cómo decir las cosas, así como saber escuchar de una manera activa y atenta. El lenguaje corporal, es una parte muy importante también. Abarca además, habilidades como la comprensión y la empatía.

“Una buena comunicación no sólo implica hablar de muchas cosas, también tiene que ver con relacionarse en un nivel personal profundo. Tiene que ver con compartir los sentimientos y las preocupaciones, y con la habilidad para articular lo que uno piensa, cree y expresa" (González y López, 2003,p.82).

Para que la buena comunicación se de, es fundamental que los distintos miembros de la familia, respeten que cada uno tiene sus propios puntos de vista, distintas prioridades e intereses. También que consideren que los temperamentos y las personalidades de cada quien son diferentes.

“Con el fin de comprender mejor a sus hijos, apreciarlos y comunicarse con ellos de forma efectiva, es muy importante que usted descubra la singularidad de cada niño” ( Wright, N, 1994, p.2).

Las formas de comunicación se aprenden, por lo tanto, es vital el ejemplo y el apoyo que los padres puedan dar. Además, de la misma forma en que son habilidades que se aprenden, no son fijas, sino que son capacidades que pueden modificarse y enriquecerse constantemente. De ahí la importancia de que los padres se informen y hagan consciencia de cómo están poniendo en práctica, en el día a día, las distintas habilidades de comunicación dentro de su hogar, pues nunca es tarde para formar nuevos hábitos y transmitirlos a los/as hijos/as.

La comunicación asertiva:

Hablar de una buena comunicación significa sobre todo, sostener un estilo asertivo, es decir, expresarse de manera clara, directa, comunicando los propios deseos, así como prestando atención a las necesidades del otro.

Comunicarse de manera asertiva, es expresar lo que verdaderamente “yo quiero, no quiero, puedo, no puedo, etc.” Es decir, exponer de forma abierta mis sentimientos o pensamientos de la manera correcta y sin causarle daño a nadie.

Cuando se llega a alcanzar una comunicación asertiva dentro del hogar, cada integrante aprende a dar a conocer sus posiciones y opiniones. A la vez se reconocen, se validan y se respetan las percepciones y emociones de los demás sin hacer diferencias, se trate de un hermanito pequeño, o el padre o la hermana mayor.

Para alcanzar una comunicación asertiva dentro del hogar, los padres deben dar el ejemplo a sus hijos/as de diversas habilidades. Entre algunas de éstas, las autoras González y López (2003) mencionan:

  • Analizar nuestro propio comportamiento, pensamientos y emociones y responsabilizarnos de sus consecuencias.
  • Reconocer que tenemos derecho a cambiar de parecer.
  • Aprender a decir “no sé, no comprendo, no estoy interesado”.
  • Despreocupación por “el qué dirán”.
  • No hacer afirmaciones rotundas o radicales: todo, nada, negro, blanco, siempre, nunca.
  • Aprender a decir “no” sin sentirnos culpables.
  • Referirse a los comportamientos y no a la persona. Por ejemplo: “Puedes hacer eso con más cuidado” y no “sos un torpe”; “quisiera que me hicieras más cariño” y no “sos un grosero”.

Obstáculos para una buena comunicación

La comunicación puede verse obstaculizada, paralizada o bloqueada de muchas maneras. Es importante que se identifique si en el hogar están ocurriendo situaciones como las que se mencionarán a continuación, pues es probable que sean las causantes de una comunicación dañada en las interacciones familiares.

Es necesario primero que todo, velar por que se esté posibilitando un clima adecuado, sobre todo de armonía, para compartir las distintas conversaciones. Elementos como un televisor encendido, o una radio o el teléfono sonando, son interruptores comunes en los encuentros familiares.

Por otro lado, hay aspectos no tan evidentes, pero que merecen también mucho cuidado en caso de que se estén presentando. Ideas preconcebidas o más conocidos como prejuicios, son comunes barreras para que exista una buena comunicación en el hogar.

Se sostiene muchas veces por ejemplo, la idea de que los/as niños/as o hijos/as pequeños/as no entienden o no deben participar en las conversaciones. Asociado a esto, se da también la creencia de que la razón y el verdadero conocimiento está sólo en los mayores o en los adultos. Este es un prejuicio que perjudica la sana comunicación en el hogar, pues ya con esta creencia hay un trato desigual y una exclusión de personitas que también tienen siempre ideas muy importantes que aportar y que también necesitan sentirse parte del equipo y de la toma de decisiones.

Otro prejuicio obstaculizador suele ser el de creer que los adolescentes no tienen mucho que aportar o que son incomprensibles, lo cual es totalmente falso y lo único que provoca es desunión familiar y desigualdad.

También se da la afirmación de que a los padres no se les debe contradecir. Sin embargo, esta falsedad da el mensaje de que los hijos/as no tienen libertad de expresión de sus pensamientos y emociones, por lo que al guardárselas, se genera un vacío a veces irrecuperable de la confianza hacia los padres. Estos últimos deben fomentar que sus hijos/as expresen también sus desacuerdos hacia ellos, siempre y cuando lo hagan de manera respetuosa y asertiva, habilidades que también a los mismos padres les corresponde enseñarles.

Por último, el autor Wright (1994), señala varios “patrones de comunicación defectuosa”. Entre ellos: “Las interrupciones, el tratar de establecer “la verdad”, el exceso de quejas, la colocación de culpas, el lanzar ultimátums o amenazas, las justificaciones exageradas, el intento de leer la mente y los mensajes confusos” (p.122-125).

La importancia de las reuniones familiares

Resulta muy positivo, formar la costumbre de efectuar cada cierto tiempo, una especie de “reuniones o encuentros familiares”. Este espacio facilita el poner en práctica la buena comunicación, así como el compartir a través del diálogo y la conversación. Estos encuentros definitivamente pueden enriquecer a cada integrante como miembros de un mismo equipo.

Los encuentros familiares pueden establecerse como una reunión fija bisemanal o mensual, para que todos los integrantes puedan aprovechar este espacio y resolver conflictos en conjunto o simplemente conversar y conocerse más.

Existen diversas acciones que facilitan el diálogo familiar. Por ejemplo, es de vital importancia que cuando se quiere conversar sobre algo que merece una mayor atención, se busque el momento adecuado, así como el lugar. También, es necesario que todos demuestren interés en lo que la otra persona quiere transmitir o comunicar.

Es imprescindible que haya reglas establecidas en cuanto a no permitir que a nadie se le juzgue, se le critique o se le ofenda. Estas son acciones que no deben ser aceptadas si se desea que haya un ambiente positivo en el encuentro. De otra forma, las conversaciones terminarán siendo interrumpidas o desviadas hacia asuntos que son irrelevantes en el momento y la comunicación quedará bloqueada.

Otro aspecto importante, es evitar los sermones. Una conversación familiar debe centrarse en sacar provecho a todo lo que los distintos miembros quieran comunicar. Sin embargo, cuando alguien toma el papel del sermoneador, se pierde la escucha activa y la tranquilidad de compartir libremente los sentimientos y pensamientos.

En vez del sermón o el discurso, debe rescatarse la retroalimentación. Esto significa que toda persona puede expresar su opinión y a la vez recibir un mensaje de apoyo o de desacuerdo de los demás, siempre y cuando sea en forma de mensaje constructivo, no destructivo ni ofensivo. Cualquier persona tiene derecho a oponerse a lo que se está diciendo, incluso los/as hijos/as deben sentirse libres de manifestar sus discrepancias hacia sus padres, mientras reine ante todo el respeto y se apoyen en razones válidas.

Cómo formar habilidades de comunicación en los/as hijos/as

“Cuando los hijos se acostumbran a ser escuchados atentamente aunque sea en temas triviales, logran fortalecer sus habilidades de comunicación y adquieren seguridad para manejar temas que pueden ser conflictivos” (González y López, 2003,p.102).

De acuerdo con estas autoras, existen diversas acciones clave, para ayudar a que los/as hijos/as tengan buenas habilidades de comunicación. A continuación se resumen algunas de ellas:

  • Incentivar a que los/as hijos/as hablen de todo los que les interese, de las cosas que verdaderamente llaman su atención. También hay que mostrar interés en lo que comunican y demostrarles que se les valora eso que les sucede.
  • Reconocer el estilo particular que cada uno de los/as hijos/as tiene a la hora de comunicarse, tanto a nivel verbal como no verbal. De esta forma, los padres tendrán que procurar dirigirse a cada uno/a de sus hijos/as, desde ese estilo que cada uno/a maneje.
  • Dar reconocimiento a esos canales o espacios que los/as hijos/as utilizan para comunicarse. Por ejemplo, habrá un/a hijo/a que le guste hablar con sus padres sólo dentro de su cuarto, otro/a quizá no le importe hablar delante de toda la familia. También es posible que a un/a hijo/a le cueste menos comunicarse a través de cartas o mensajes escritos, otro/a escuchando música de fondo; en fin, son preferencias de comunicación que hay que aceptar y reconocerles.
  • Debe apoyarse a los/as hijos/as a que interactúen con distintas personas. A esto puede agregarse, la importancia de enseñarles a respetar los estilos de los demás.
  • Hablar con los/as hijos/as no sólo cuando los padres quieren o tienen tiempo, sino que deben comunicarse también cuando ellos/as lo deseen o lo necesiten.
  • Es muy importante incentivarlos a que hablen de sus sentimientos y que compartan sobre sus pensamientos. Para ello, ayuda mucho que los padres les cuenten a sus hijos/as sobre sus propios sentimientos, sueños, proyectos, recuerdos, etc.

Finalmente, la siguiente frase, sintetiza muy bien los logros que se adquieren cuando en un hogar se da la comunicación “positiva y edificante”:

“Cada miembro de la familia es valorado y aceptado por ser quien es. Hay respeto por las características individuales. A cada persona se le permite actuar en su propio papel. A un niño se le permite ser niño y a un adulto ser un adulto...Los miembros de la familia pueden compartir sus esperanzas, sueños, temores e intereses unos con otros y todavía ser aceptados. Un nivel de intimidad saludable existe dentro del hogar” (Wright, N, 1994, p.26-27).

Bibliografía

González, M.F y López M.E. (2003). Inteligencia emocional. Pasos para elevar el potencial infantil. Ediciones Gamma:Colombia

Wright, N. (1994). Claves para una mejor comunicación en el matrimonio. Editorial Unilit: Colombia.

Wright, N. (1994). Las palabras de los padres y su asombroso poder. Editorial Unilit: Colombia.